jueves, 24 de noviembre de 2016

Percepción especializada

La percepción del mundo circundante es tan importante para el hombre
como su propia alimentación. A través de los procesos perceptivos,
cuando los estímulos actúan sobre los receptores sensoriales
repartidos por todo el cuerpo, el hombre puede adquirir el reflejo
integral de los objetos y fenómenos reales del mundo exterior,
analizarlos y formular respuestas motoras o verbales que le permitan
una correcta organización y regulación de las actividades prácticas o
mentales de la vida diaria así como archivar estas experiencia para
usarla en un futuro cercano o lejano.

   Varios han sido los autores que han expresado sus criterios sobre
el tema (Rodionov, Petrovski, Rudik, Leontiev) y que se pueden citar
para corroborar lo antes expuesto. Así, Rudik (1990) considera a la
percepción como “el reflejo que en la conciencia del hombre tienen los
objetos y los fenómenos de la realidad cuando actúan directamente
sobre los órganos de los sentidos”. (p.118). En este reflejo
perceptual, todas las informaciones brindadas por los receptores en
forma de sensaciones se integran formando una etapa cualitativamente
superior y de mayor complejidad que la anterior, o sea, que las
sensaciones.

La percepción y algunas de sus peculiaridades

   Percibir puede parecer un proceso psicológico sencillo si se
piensa en cualquier acción que se realice en milésimas de segundo y se
logra observar numerosos objetos de diferentes formas, tamaño,
colores, movimientos, etc. A pesar de esto, el proceso perceptivo es
complicado y depende de características muy importantes como la
objetivación, la integración, constancia y comprensión entre otras.

   La percepción no se realiza de forma aislada con el órgano sobre
el cual influye el estímulo (el oído, la vista, etc.) sino, de forma
interrelacionada con varios de ellos. En este proceso intervienen las
características personales del perceptor. Sus intereses, metas,
sentimientos, ansias pueden influir en el resultado de lo percibido y
de llegar así a la llamada apercepción que es “la dependencia de la
percepción del contenido de la vida psíquica de la persona, de las
características de la personalidad”. (Petrovski, 1990, p. 228)

   Por lo tanto, la percepción como proceso activo está en constante
comparación entre lo que está percibiendo en ese momento el sujeto y
la experiencia anterior que posee del objeto o fenómeno por lo que la
percepción no depende solo del excitante sino que también depende del
individuo perceptor, de su experiencia personal, de sus conocimientos.
Al percibir se activan las huellas de las percepciones realizadas con
anterioridad, por tal motivo, se puede plantear que un mismo objeto o
fenómeno puede percibirse de disímiles maneras por diversas personas.

Clasificación de las percepciones

   Como ya se mencionó anteriormente, el proceso de la percepción se
realiza cuando actúan varios analizadores entre sí. Es raro encontrar
un tipo de percepción de forma pura, estas se interconectan y como
resultado se obtienen tipos complejos de percepciones. Acerca del
proceso perceptivo se evidencian numerosas definiciones, así el
profesor Petrovski (1990), precisa que, según el analizador dominante
las percepciones adquieren la denominación de visuales, auditivas,
táctiles, olfativas y gustativas. (p. 233).

   “El espacio y el tiempo son las formas fundamentales de la
materia. Todos los objetos existen en el espacio y en el tiempo”
(Smirnov y col, 1961, p. 155). De acuerdo con estas formas de
existencia de la materia, las percepciones se pueden clasificar en:
percepción del espacio que incluye forma, tamaño, relieve y distancia.
Percepción del tiempo que encierra duración, velocidad y continuidad.
Por último, percepción del movimiento que contiene la variación de la
posición de los objetos o del propio sujeto.

Las percepciones especializadas en el accionar deportivo

   Estas formas de percepción (espacio, tiempo y movimiento) al ser
aplicadas en el ámbito deportivo adquieren un carácter de
especialización que condicionan el éxito de la mayoría de las acciones
deportivas. Estas percepciones se pueden encontrar en las literaturas
especializadas como “sentidos especiales” los que varían en
dependencia de las características de cada deporte. Entre las más
comunes se encuentran el sentido del balón, sentido del agua, sentido
de la distancia, sentido del implemento y sentido del tiempo. Según
Cañizares (2008), estas percepciones “se desarrollan sobre la base de
la experiencia acumulada, la ejercitación y sistematización de las
acciones y la alta actividad de diferenciación de los analizadores que
participan en el ejercicio”. (p. 13).

   Otros de los términos que se pueden encontrar en la literatura
especializada en el deporte son las percepciones o sensaciones
exteroceptivas, interoceptivas y propioceptivas. Las primeras,
reflejan las propiedades de los objetos y fenómenos del medio exterior
(visuales, auditivos, táctiles, olfativos y gustativos). Las segundas
reflejan el estado de los órganos internos (sensaciones de hambre,
sed, falta de oxígeno, etc.) y por último, las propioceptivas que
reflejan los movimientos y la posición del cuerpo.

   En muchas ocasiones, se observa cómo jugadores de Fútbol,
Balonmano o Baloncesto, logran realizar elementos técnicos o tácticos
de forma impecable sin tener visión sobre el balón. Estos jugadores
han desarrollado tanto la percepción del balón (o sentido del balón),
por la precisión alcanzada en la diferenciación de las percepciones
músculo-motoras y de la precisión de la percepción de las
características de tiempo-espacio de los movimientos, que son capaces
de determinar correctamente la fuerza y dirección que deben aplicarle
al balón para realizar con éxito un autopase, un pase a un compañero o
un tiro a cualquier distancia.

   En casi todos los deportes, el jugador tiene que estar en
constante movimiento y con este, cambia de posición todo lo que se
encuentra a su alrededor. Es por eso que además de las percepciones
antes mencionadas, los deportistas tienen que desarrollar la
percepción del espacio donde él realiza su accionar competitivo. Ellos
deben conocer con gran exactitud la distancia a la que se encuentran
sus compañeros de equipo, los contrarios, la meta, el aro, la
portería, las dimensiones del terreno, entre otras. En esto juega un
papel fundamental la visión, puesto que el hombre para orientarse en
el espacio se basa principalmente en datos visuales. Para conseguir
una visión más perfecta de las cosas el hombre vuelve la cabeza o los
ojos constantemente hacia el objeto y, a consecuencia de esto, las
sensaciones visuales se unen a las cinéticas y vestibulares motivadas
por estos movimientos.

   A través del sentido visual, mediante el movimiento del ojo, el
sujeto efectúa la percepción del espacio, es decir, la situación de
los objetos en el espacio, su tamaño, contorno y relieve, lo mismo que
su reposo y movimiento, este último sí tiene la posibilidad de seguir
y tomar parte en los movimientos del objeto. También puede “palpar”
los objetos y “medir” la distancia o tamaño de estos. Respecto a lo
anterior Séchenov citado por Rubinstein (1982) planteó: “La visión
espacial es, desde el principio de su evolución, una visión que va
midiendo o ubicando”. (p. 287).

   Resulta interesante analizar que la capacidad de los músculos de
los dos ojos hace que estos funcionen de forma simultánea, se adaptan
a estos para lograr una visión más clara de los objetos ubicados a
diferentes distancias tratando que las imágenes de ambos ojos
coincidan y no se produzca una doble visión. Esta función se realiza
mediante los importantes mecanismos de acomodación y convergencia.

   Luego, la acomodación es la variación de la capacidad de
refracción del cristalino que se obtiene variando su curvatura. Es así
como al mirar objetos situados cerca, ocurre una contracción muscular,
como resultado de la cual se produce una disminución del grado de
tensión del cristalino y su forma se hace más convexa. Función
contraria realiza cuando los objetos se encuentran lejanos. Estos
cambios en el cristalino están controlados por los músculos ciliares y
son de gran importancia en la percepción de la distancia. En tal
sentido Manzano (2007) refiere que “Los impulsos cinestésicos que
emanan los músculos ciliares representan una fuente potencial de
información sobre la distancia a la que se encuentran los objetos que
enfoca el ojo. Puesto que los músculos ciliares se contraen para
engrosar el cristalino, cuanto mayor sea el grado de contracción más
cercano estará el objeto”. (p. 51). Por lo tanto, se infiere la
necesidad de establecer tareas dirigidas al desarrollo de la
musculatura de los ojos para facilitar la estimación de la distancia a
la que se encuentran los objetos en el campo deportivo.

   Por su parte la acomodación generalmente va unida a la
convergencia, o sea, al giro que realizan los ojos, uno hacia el otro,
para lograr la colocación de los ejes oculares en el objeto fijado. De
modo que, un estado determinado de acomodación provoca un grado
determinado de ajuste de los ejes oculares y viceversa, a una u otra
ubicación de los ejes oculares corresponde un grado determinado de
acomodación.

   Otras de las percepciones que adoptan carácter de especializadas
en el deporte es la percepción del tiempo. Al hacer referencia a este
tipo de percepción hay que reconocer que es realizada por una serie de
analizadores, reunidos en un sistema que actúa como un todo único. La
base de esta percepción es la sucesión rítmica de la excitación e
inhibición, la amortiguación del proceso de excitación y de la
inhibición en el sistema nervioso central, en los grandes hemisferios
cerebrales, y está determinada por “el reflejo objetivo de la
duración, de la velocidad y de la continuidad de los fenómenos
reales”. (Smirnov y col, 1961, p. 165). Al reflejar la realidad
objetiva, la percepción del tiempo posibilita al individuo orientarse
en el medio circundante. Este tipo de percepción se realiza
fundamentalmente con la participación de los analizadores cinéticos y
acústicos.

   Una de las características peculiares del tiempo es su
irreversibilidad, se puede volver a un lugar del espacio del cual se
haya partido pero no se puede hacer lo mismo con el tiempo que ya haya
pasado. El tiempo tiene existencia objetiva, este transcurre
independientemente del sujeto que percibe y no siempre coincide con el
tiempo real, esta apreciación depende de factores como la actitud e
interés hacia la actividad que se realiza. Los períodos de tiempo
ocupados por acontecimientos interesantes o importantes tienden a
pasar rápido, todo lo contrario cuando los acontecimientos son poco
interesantes, el tiempo parece que pasara con lentitud. “Es así que el
tiempo tiende a sobrevalorarse cuando la actividad es monótona y exige
un gran esfuerzo, la tarea no despierta en la persona ningún interés o
carece de importancia, la situación provoca tristeza, aburrimiento o
angustia. Por el contrario, cuando el sujeto se encuentra enfrascado
en una actividad variada, no agotadora, importante e interesante, o en
una situación que hace sentir placer, alegría y felicidad, el tiempo
tiende a subvalorarse”. (Rubinstein, 1982, p. 33)

   Tanto en los deportes cíclicos como en los acíclicos se pueden
encontrar muchos ejemplos de la ejecución de este tipo de percepción.
En los deportes cíclicos, la percepción del tiempo puede manifestarse
en la arrancada del atletismo, la natación o el ciclismo. Y en los
acíclicos pueden encontrarse en la distribución del tiempo que tiene
que realizar el jugador de baloncesto o balonmano antes de tirar al
aro o a la portería antes que se le agote el tiempo reglamentario para
ejecutar esa acción. También en la mayoría de los deportes se puede
observar cómo los deportistas distribuyen con exactitud el tiempo al
correr, al saltar, al lanzar y así obtener éxito en sus acciones.

Conclusiones

   El proceso perceptivo es de vital importancia para el
desenvolvimiento del hombre con el medio que le rodea. Este proceso al
ser llevado al accionar deportivo y tomar el carácter de percepciones
especializadas adquieren una gran importancia pues aunque no
determinan en su totalidad en el éxito de las acciones deportivas si

contribuyen a condicionar las mismas.

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