A menudo la actividad que realiza el deportista durante una competición está condicionada por su estado anímico. Las emociones, los sentimientos, el afecto son variables que tienen gran influencia a la hora de realizar y valorar los esfuerzos. También son importantes los posibles cambios que se puedan producir en el estado de ánimo antes y después de la realización de diferentes pruebas de esfuerzo, o entre los diferentes combates que debe de disputar una deportista. Estos posibles cambios ¿se producen?, ¿son significativos?, ¿interactúan con las otras variables presentes en la competición de ARD? ¿con cuál de ellas? ¿en qué medida? Numerosos autores consideran que existe un “componente afectivo, un “algo emocional” en la definición de la situación elicitada por el contexto (Lazarus, 1986). En diferentes estudios, las emociones han sido planteadas en términos de afectos distintos y específicos. Se han propuesto diversos modelos sobre la emoción humana y todos ellos plantean un número de emociones discretas relativamente pequeño. Las últimas investigaciones en este campo coinciden en considerar la existencia de dos grandes factores que constituyen las principales dimensiones de la estructura afectiva. Estas dimensiones normalmente se han definido como afecto ó estado de ánimo positivo y afecto negativo, y son sobre las que hemos trabajado durante los últimos siete años en el Judo, con el “Perfil de Estados de Ánimo”, Profile of Mood States (P.O.M.S.), de Mc.Nair, Lorr, Droppleman (1971), tanto para los Juegos de Barcelona-92 como los de Atlanta-96. Este instrumento mide seis dimensiones emocionales: el Vigor como positivo y la Tensión, la Depresión, la Hostilidad, la Fatiga y la Confusión como negativos. En nuestro caso, basándonos en estudios precedentes (Arruza, Alzate, Valencia, 1995), hemos seleccionado las 4 dimensiones que a nuestro juicio ejercen mayor influencia en el rendimiento deportivo: Tensión, Hostilidad, Vigor y Fatiga.
Autoeficacia
Los acontecimientos deportivos se caracterizan por contener elementos ambiguos, con continuos cambios imprevisibles y gran turbulencia emocional semejante a situaciones de estrés. Para hacer frente a ello tan importante es tener recursos eficaces que puedan utilizarse como la opinión que se tenga de ellos. Por tanto la autoeficacia percibida es, según A. Bandura (1986), “Los juicios de cada individuo sobre sus capacidades, en base a los cuales organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado”. Esta definición hace referencia a las expectativas sobre la propia capacidad de alcanzar un determinado nivel de ejecución, que es una parte del proceso conductual del deportista, cuyas consecuencias producirán un determinado resultado. Por esto se hace énfasis en centrar la atención selectiva durante la competición en las variables del proceso y no en el resultado. A veces se interpretan erróneamente los conceptos de “expectativas de resultado” y “expectativas de eficacia” o que genera una gran confusión que generalmente va acompañada de comportamientos ineficaces.(Para mayor aclaración ver Bandura 1986, pág. 416) La Autoeficacia constituye un elemento fundamental relacionado con la fortaleza o debilidad del sistema táctico. El deportista debe de tener la absoluta convicción de que será capaz de ejecutar los elementos seleccionados con acierto, que tendrá una conducta eficaz, creyendo en su propia capacidad para resolver positivamente la situación. Sus expectativas de comportamiento eficaz deben de ser muy altas. La combinación del nivel de esfuerzo percibido (Borg, 1970) y de la percepción del estado de fatiga adquiere una importancia capital, ya que durante la competición se producen determinados niveles de fatiga con la aparición de síntomas fisiológicos: alta frecuencia cardiaca, aumento de la respiración y de la temperatura corporal, acumulación de metabolitos, etc..., que a veces se asocian erróneamente a incapacidad física, lo que provoca un descenso de la autoeficacia. En diferentes ocasiones hemos tenido la oportunidad de constatar en nuestras deportistas, Torneo de París- 94 y 95, Campeonato de Europa-95, entre otros, en los que las deportistas con una sobrada capacidad de esfuerzo y estando realizando un combate brillante, se sintieron excesivamente fatigadas a mitad del mismo; esta percepción errónea les llevó a cambiar una decisión que afectaba a sus modelos tácticos, lo que fue aprovechado por sus diferentes adversarias para derrotarlas.
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